Sólo desperté y "ella" ya estaba en mi casa, Salí a su encuentro, pensando que aún soñaba, era tan linda como antes ya me la habían descrito. Con esa mirada coqueta, sonrisa dulce, labios suaves, en fin era ella. De pie en el patio de mi casa, uno enfrente del otro, sin nada que decir, intercambiando silencio por silencio, empezamos los días juntos.
A pesar de que yo intentaba ser cortés,en sus ojos permanecía esa mirada de cautela hacia mi, creo que fue comprensible, pero poco a poco intente robarle sonrisas y de vez en cuando palabras. sin embargo no era suficiente para internarme en ella, hasta que una charla logré con ella.
pues bien, todos esos días al oler su perfume, al mirar sus húmedos labios, esos "grandes ojos fijos" y sobre todo el color que cubría ésa, su casta y suave piel, esa piel que minuto a minuto alimentaba el deseo que en mi interior habitaba, ese deseo del que estaba seguro, sólo ante la desnudez de su alma podía estallar, el que sólo a el calor de su cuerpo podía desear.
llegamos a una noche y creo que la salida de mis padres fue la pieza que hizo que "yo" . . .

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